19 de octubre de 2026 · Indumor
A fines de septiembre de 2026, en la costa de Río Negro, un tanque bautizado TK404 quedó listo para recibir petróleo por primera vez. No es un tanque cualquiera: tiene más de 80 metros de diámetro y forma parte de una terminal que va a almacenar 720.000 metros cúbicos de crudo. Para quien conoció esa costa hace unos años, cuando ahí no había más que meseta, viento y algún guanaco, la escena cuesta creerla. Es Punta Colorada, la puerta de salida del VMOS.
El Vaca Muerta Oleoducto Sur es, probablemente, la obra de infraestructura petrolera más importante de la Argentina en décadas. Y como toda obra de ese tamaño, es también una enorme lista de acero: caños, tanques, estaciones de bombeo, estructuras, soportes y equipos. Vale la pena entenderla por partes.
Es un oleoducto de 437 kilómetros que une Allen, en el Alto Valle de Río Negro, con Punta Colorada, cerca de Sierra Grande, sobre el Golfo San Matías. Lo impulsa un consorcio de las principales productoras de Vaca Muerta —YPF, Vista, Pan American Energy, Pampa Energía, Chevron, Pluspetrol, Shell y Tecpetrol— con una inversión de unos US$ 3.000 millones, y fue uno de los primeros proyectos aprobados en el RIGI. Su objetivo es simple de decir y difícil de hacer: sacar el petróleo de Vaca Muerta directamente al mercado internacional, sin depender de la capacidad de los puertos existentes.
Un oleoducto así se construye por tramos: caños de gran diámetro con revestimiento anticorrosivo, soldados en el campo uno tras otro, inspeccionados costura por costura y enterrados, con válvulas de bloqueo a lo largo de la traza, protección catódica y estaciones de bombeo que empujan el crudo. Es acero en cada metro de los 437 kilómetros. El ducto se terminó y se precomisionó en 2026. El plan es llenarlo con el primer crudo a fines de 2026 y cargar el primer buque de exportación a comienzos de 2027, con una capacidad inicial de 180.000 barriles diarios que debería llegar a 550.000 a fines de 2027, ampliable a futuro.
Durante años, el crecimiento de Vaca Muerta tuvo un techo que no estaba en la roca sino en los caños. La producción subía más rápido que la capacidad de transporte, y cada ampliación de los oleoductos existentes se llenaba apenas se habilitaba. Exportar significaba competir por un espacio limitado en los sistemas troncales y en los puertos. El VMOS cambia esa ecuación: un ducto dedicado, de punta a punta, que termina en una terminal propia sobre aguas profundas, donde pueden cargar buques de gran porte. Para las productoras es la diferencia entre poder vender todo lo que producen o tener que frenar pozos esperando lugar en el caño.
La terminal tiene seis tanques de 120.000 metros cúbicos cada uno, 720.000 en total, y un sistema de carga costa afuera: unos siete kilómetros de líneas submarinas que terminan en dos monoboyas, boyas flotantes de unas 272 toneladas y 15 metros de diámetro donde amarran los buques para cargar sin entrar a un puerto. Las monoboyas estaban en viaje hacia Río Negro a mediados de 2026, con llegada prevista para fines de octubre.
La lógica de tanta capacidad de almacenamiento es operativa: el oleoducto bombea todos los días, pero los buques llegan cada tanto y cargan en pocas horas volúmenes enormes. Los tanques son el pulmón entre esos dos ritmos.
Un tanque de ese tamaño no se fabrica en un taller y se lleva en camión: se construye en el lugar, chapa por chapa, siguiendo una norma como la API 650. Primero la fundación, que tiene que soportar un peso de líquido gigantesco sin asentarse en forma despareja; después el fondo, soldado y ensayado con caja de vacío; después las virolas de la envolvente, cada una calculada para la presión del líquido a esa altura, con radiografías de las costuras; y al final el techo y los accesorios. Antes de recibir crudo, se llena de agua para la prueba hidrostática. Montar seis de esos en una costa ventosa no es moco de pavo: es una obra de años, con cientos de personas y miles de toneladas de chapa.
El VMOS no está solo. Aguas arriba, Oldelval amplía su sistema con Duplicar Norte: 207 kilómetros nuevos y 220.000 barriles diarios más de capacidad, con operación parcial a fines de 2026, que se integran en Allen con una unidad de medición hacia el VMOS. Y el oleoducto Vaca Muerta Norte de YPF ya lleva crudo desde La Amarga Chica hasta Puesto Hernández. Entre todos forman la red que permite que la producción récord de Neuquén —685.316 barriles diarios en agosto de 2026— tenga por dónde salir.
Sierra Grande conoce los ciclos: vivió de una de las minas de hierro más grandes de Sudamérica, sufrió su cierre y hoy ve llegar una terminal petrolera. Para la cadena de proveedores, una obra así deja dos tipos de trabajo. El de la construcción, que ya está en su etapa final: estaciones de bombeo y de válvulas, trampas de scrapers, soportería, escaleras y plataformas para tanques, cañerías de la terminal, sistemas contra incendio. Y el de la operación, que dura décadas: mantenimiento de tanques e instalaciones, repuestos, ampliaciones —la terminal ya está pensada para crecer— e inspecciones periódicas.
Más allá de los tanques, una terminal de crudo es un catálogo completo de fabricación metálica. Cada tanque lleva su escalera perimetral o helicoidal, sus plataformas de techo, barandas y pasarelas para llegar a válvulas, venteos y bocas de medición. Lleva también su sistema contra incendio: anillos de enfriamiento que rocían agua sobre la envolvente y cámaras de espuma alimentadas por cañerías que suben por el costado del tanque. Entre los tanques y las bombas corren pipe racks y soportería; en la llegada del ducto hay trampas para recibir los scrapers que lo limpian; y antes de cargar un buque, el crudo pasa por sistemas de medición montados sobre bastidores. Todo eso necesita mantenimiento y repuestos durante la vida de la terminal.
El Golfo San Matías se está convirtiendo en la gran puerta de salida de la energía de Vaca Muerta. Además del petróleo de Punta Colorada, ahí fondearán desde 2027 los buques de licuefacción de gas de Southern Energy, alimentados por un gasoducto dedicado de unos 470 kilómetros desde Tratayén. Y la terminal del VMOS ya está pensada para crecer más allá de los 550.000 barriles diarios. Para la costa rionegrina, eso significa años de obra y de operación por delante.
El contexto completo de la cuenca está en Vaca Muerta y el acero que consume. Un ejemplo del tipo de trabajo que hacemos para este tipo de instalaciones: plataformas, escaleras y barandas para tanques que llegan pre-armadas por tramos y se izan en un día, en vez de armarse durante semanas al pie del tanque. Si tenés un paquete para una terminal o una estación de bombeo, en Indumor lo cotizamos con plazos que se cumplen.
Plataformas, escaleras, soportería y conjuntos pre-armados, con trazabilidad completa.
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