Pernos de anclaje y bases de columnas: cómo evitar que la estructura no entre

21 de octubre de 2026  ·  Indumor

Columnas, escaleras y plataformas de una estructura metálica en una planta industrial

Los pernos de anclaje son como los botones de una camisa. Si el primero va en el ojal equivocado, todos los demás quedan corridos, y te das cuenta recién al final, cuando ya no hay arreglo prolijo. En una nave pasa lo mismo: si los pernos quedaron mal en el hormigón, la estructura puede llegar perfecta del taller y no entrar.

Y es el error más caro del montaje porque lo comete alguien que no es ni el que fabrica ni el que monta. Los pernos los coloca la obra civil, semanas antes, mirando un plano; la estructura se fabrica en el taller mirando otro. Si los dos planos no dicen exactamente lo mismo, o si el vibrado del hormigón movió los pernos, la primera columna lo cuenta todo.

Qué son y cómo se colocan

Los pernos de anclaje son barras roscadas que quedan embebidas en la fundación y sujetan la placa base de cada columna. Los hay con gancho en el extremo, en forma de L o de J; con cabeza, o con tuerca y arandela abajo, que trabajan mejor a tracción; y los que se colocan después, en hormigón ya endurecido: anclajes químicos con resina o anclajes mecánicos de expansión, útiles para reformas y cargas moderadas. Cuál va lo decide el cálculo, según cuánto tiran, cuánto cortan y el hormigón que hay.

La clave de la colocación es la plantilla: una placa o un bastidor, de chapa o de madera, perforado igual que la placa base de la columna, que sostiene los pernos en su lugar mientras se hormigona. La plantilla tiene que salir del mismo plano que se usó para fabricar la columna, y se fija a los encofrados para que el vibrado no la mueva. Antes de llenar, alguien con cinta y nivel tiene que verificar tres cosas: la posición de cada grupo de pernos respecto de los ejes, la distancia entre pernos y la altura de la rosca que queda afuera. Y la rosca se protege con cinta o con un caño, porque una rosca llena de hormigón, o golpeada, es una tuerca que no entra.

Tolerancias, nivelación y grout

Hay tolerancias, y son chicas. Como referencia, el código de práctica de la AISC, en los Estados Unidos, admite hasta 3 mm entre los centros de dos pernos de un mismo grupo, 6 mm entre grupos vecinos y 13 mm, para arriba o para abajo, en la altura del extremo de los pernos. Para absorber esas diferencias, las placas base llevan agujeros agrandados respecto del diámetro del perno, que se cierran con arandelas gruesas, tipo placa. Por eso un perno corrido unos milímetros no es un drama; uno corrido dos centímetros, sí.

La columna no se apoya directo sobre el hormigón. Se nivela con tuercas debajo de la placa, o con chapas de calce, dejando una luz de unos centímetros que después se llena con grout: un mortero de nivelación sin contracción, que transmite la carga de la placa a la fundación de manera pareja. Un grout que se contrae, o un mortero común mal compactado, deja la placa apoyada en las tuercas de nivelación, y esas tuercas no están pensadas para llevar la carga de servicio.

Los pernos tampoco son la respuesta para todo. Cuando el corte en la base es grande, no se les confía a ellos: se resuelve con una llave de corte, un trozo de perfil o de planchuela soldado debajo de la placa, que queda embebido en el grout y empuja contra el hormigón. Y en ambientes agresivos, los pernos y las tuercas van galvanizados y la parte que queda afuera se protege: la rosca que se oxida hoy es la tuerca que no se puede ajustar dentro de diez años.

Hay soluciones de obra que conviene conocer para no usarlas nunca. Calentar el perno con el soplete y doblarlo hasta que entre en el agujero es muy creativo y muy malo: doblar un perno en obra solo se hace si el ingeniero lo aprueba y con un procedimiento controlado, porque a soplete y a ojo el acero puede perder propiedades y el perno queda trabajando torcido. Agrandar el agujero de la placa con el soplete, o cortar el perno y soldarle un suplemento: todo eso se resuelve con un ingeniero, no con una amoladora. Las reparaciones existen —anclajes químicos nuevos al lado, placas de adaptación— y se calculan.

Lo que más ayuda no es técnico. Es coordinación. Que el plano de anclajes salga del mismo lugar que la estructura, que la plantilla la entregue quien fabrica y que alguien mida antes de hormigonar. Diez minutos con una cinta ahorran una semana con la grúa parada. En serio. Y si se puede, conviene relevar los pernos ya hormigonados antes de despachar la estructura: si algo quedó corrido, se resuelve en el taller, con la placa todavía en el banco, y no en la obra con todos mirando.

Si vas a hacer una nave o una estructura, mandanos el proyecto: cotizamos la estructura con su plano de anclajes. Y si estás en la etapa de elegir, leé galpón soldado o abulonado y bulones estructurales. Escribinos desde Indumor.

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