26 de octubre de 2026 · Indumor
Las mismas doce piezas, 46.400 mm en total, cortadas de barras de 12.000 mm. A: en el orden de la lista hacen falta seis barras. B: ordenando el corte alcanzan cuatro. Lo rayado es retazo.
La lista de corte suele llegar como la escribió el proyectista: primero las columnas, después las vigas y al final las riostras. El que corta toma una barra de 12 metros, saca una pieza de 7 y deja el resto «para después». A fin de mes, el rincón de los retazos está lleno de buenas intenciones, todas de 5 metros y ninguna del largo que hace falta.
Antes de ordenar nada conviene saber de qué largo se parte, y no todo viene en 12 metros. Según los catálogos de los distribuidores, los IPN de más de 100 mm vienen en 12 m y los más chicos también en 6; los UPN hasta 120 se consiguen en 6 y en 12. Los tubos estructurales vienen en 6 m, los ángulos de hasta 2¼" y las planchuelas angostas también en 6, y el tubo para conducción, en 6,40 m. El hierro para hormigón, en 12.
El problema tiene nombre y bastante historia: es el del corte de material en una dimensión. El matemático soviético Leonid Kantorovich lo planteó en 1939, y en 1961 Gilmore y Gomory publicaron el método con programación lineal que todavía se usa. La regla práctica, sin embargo, cabe en una línea: cortar primero las piezas más largas y meter cada una en la primera barra donde entre. No da el óptimo exacto, pero se le acerca mucho, porque las piezas largas entran mientras las barras están enteras y las cortas rellenan los huecos.
En el ejemplo de arriba, cortar en el orden de la lista gasta 72 metros de barra para 46,4 metros de piezas, y un tercio termina en retazos. Ordenando, alcanzan 48 metros y el retazo baja a un 3 %. En IPN 200, que pesa 26,2 kg por metro, la diferencia son más de 600 kilos.
Cada corte, además, se come material. Un disco abrasivo de 355 mm saca 3 mm; una sierra circular en frío, de 2 a 3 mm; la cinta de una sierra sin fin, algo más que su espesor de 0,9 a 1,6 mm, porque los dientes están triscados. Diez cortes con disco son 3 centímetros que no vuelven.
No hay un largo mínimo universal para guardar un retazo, y guardar todo tiene su costo: espacio, tiempo para encontrarlo y el riesgo de usar un perfil equivocado. En el taller, el retazo que vuelve al acopio lleva escrito con tiza el perfil y el largo; si no, a la semana nadie sabe qué es. La regla razonable es guardar lo que se va a usar de verdad en los trabajos que vienen y mandar el resto a chatarra sin culpa.
Si tenés una estructura para fabricar, en Indumor la cotizamos con la lista de piezas ya ordenada para el corte.
Pasánosla y la cotizamos con el corte ordenado.
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