21 de octubre de 2026 · Indumor
Corrosión galvánica: corrosión que aparece cuando dos metales distintos están en contacto eléctrico y los moja un electrolito —agua, humedad, sal—. Forman una pila: el metal menos noble actúa como ánodo y se corroe más rápido de lo normal, y el más noble, el cátodo, queda protegido. La definición es correcta, y suena a laboratorio. En la práctica es mucho más cotidiana: es el bulón que se comió el agujero, la chapa de aluminio picada alrededor de cada tornillo, la cañería de bronce que dejó sin zinc la conexión galvanizada.
Cada metal tiene, en un medio dado, un potencial eléctrico propio. Ordenados, forman la serie galvánica. En agua de mar, de más activo a más noble, la lista arranca con el magnesio y el zinc, sigue con el aluminio, el acero al carbono y la fundición, después el plomo, el estaño, el bronce y el cobre, y termina con el acero inoxidable en estado pasivo, el titanio y el grafito. Cuanto más lejos están dos metales en la lista, más fuerte es la pila. Como referencia, el zinc ronda los −1,03 V y el acero al carbono los −0,61 V medidos en agua de mar contra un electrodo de calomel: casi medio voltio de diferencia, más que suficiente para que el zinc se sacrifique.
Ese sacrificio es, justamente, lo que aprovecha el galvanizado: el zinc es menos noble que el acero, así que, si la capa se raya, se corroe el zinc de alrededor y protege al acero desnudo. La misma física que en una unión mal pensada es un problema, en un galvanizado es la solución.
Dos cosas más pesan tanto como la serie. La primera es el electrolito: sin agua no hay pila. Dos metales distintos en un interior seco conviven años sin problemas; los mismos dos metales al aire libre, cerca del mar o en una planta con vapores, se atacan rápido. La segunda es la relación de áreas. Un ánodo chico pegado a un cátodo grande se corroe muy rápido, porque toda la corriente se concentra en él. Al revés, un ánodo grande con un cátodo chico apenas lo siente. Por eso un bulón de acero al carbono en una chapa de inoxidable es una mala idea, y un bulón de inoxidable en una chapa de acero al carbono, en general, no lo es. Una forma de recordarlo: el bulón tiene que ser siempre el metal más noble, nunca el menos, porque es chico y no puede ser el ánodo.
Hay un matiz con el inoxidable. Está tan arriba en la serie porque su capa pasiva lo vuelve noble; si la pierde —en una rendija sin oxígeno, debajo de una junta, en un depósito de barro húmedo—, pasa a comportarse como activo y baja en la lista. Por eso un inoxidable apretado contra acero al carbono en un rincón mojado puede terminar corroyéndose él también, aunque la tabla diga lo contrario. La serie galvánica es una guía, no una garantía.
Y el ambiente cambia todo. La norma ISO 9223 clasifica la corrosividad de la atmósfera de C1, un interior seco, a C5 y CX, ambientes industriales agresivos o marinos. En un C1, casi ningún par galvánico preocupa; en un C4 o un C5, hasta un par moderado se nota en pocos años.
En el taller lo vemos seguido en los pedidos de reparación, y casi siempre es alguno de estos cuatro casos.
Ojo con pensar que «adentro» es seco. En equipos de proceso, el agua no es solo la lluvia: hay condensación en caños fríos, lavados con hidrolavadora y pérdidas. Un par galvánico bajo techo puede pasar más tiempo mojado que uno a la intemperie. Y cuando no se puede aislar ni cambiar de metal, queda un recurso clásico: un ánodo de sacrificio de zinc, magnesio o aluminio, que se gasta en lugar del metal que importa y se cambia cuando se termina. Es lo que llevan los cascos de los barcos y algunos fondos de tanques.
La regla de oro de la pintura también sale de la teoría, y es contraintuitiva: si se va a pintar uno solo de los dos metales, se pinta el cátodo, el más noble, no el ánodo. Pintar el ánodo deja poros y rayones chiquitos que se convierten en ánodos minúsculos frente a un cátodo enorme, y ahí la corrosión perfora rápido. En la práctica, lo mejor es pintar los dos o aislarlos.
Las soluciones, en orden de preferencia:
Y un detalle que se olvida en la obra: una arandela aislante no sirve si el bulón toca el agujero. La aislación tiene que ser completa, con vaina en el vástago, o la pila se arma igual por un costado. Se verifica fácil: con un multímetro entre los dos metales, después de montar. Si marca continuidad, en algún lado hay contacto, y conviene encontrarlo antes de que lo encuentre la corrosión.
Si tenés una unión de metales distintos que se está comiendo, mandanos fotos, de cerca y de lejos, y te decimos cómo aislarla. Y en lo que fabricamos, las uniones entre metales distintos se resuelven desde el diseño, con su aislación incluida.
Mandanos fotos y te decimos cómo aislarla.
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