Golfo San Jorge: la cuenca donde empezó todo sigue comprando

19 de octubre de 2026  ·  Indumor

Aparatos de bombeo entre lomas y un tendido eléctrico

Acá empezó todo.

El 13 de diciembre de 1907, en Comodoro Rivadavia, una perforación que buscaba agua encontró petróleo. Desde ese día, la cuenca del Golfo San Jorge —que abarca el sur de Chubut y el norte de Santa Cruz— se convirtió en la cuna de la industria petrolera argentina. Comodoro, Caleta Olivia, Las Heras, Pico Truncado y Sarmiento crecieron alrededor de los pozos, de los talleres y de las bases de servicio. Más de un siglo después, mientras Vaca Muerta se lleva los titulares, la cuenca sigue produciendo: en julio de 2025 aportó el 31% del crudo procesado en el país. No es poco. Es casi un tercio.

Es una cuenca madura, y eso define todo. Sus yacimientos tienen décadas de explotación y se sostienen con recuperación secundaria: inyectar agua para empujar el petróleo que queda en la roca. Ahí está Cerro Dragón, operado por Pan American Energy, uno de los yacimientos convencionales más grandes del país, y miles de pozos con aparatos de bombeo que cabecean día y noche frente al viento patagónico. En 2026, además, la cuenca cambió de manos: YPF traspasó áreas como Manantiales Behr a San Benito Upstream y PECOM, y otros yacimientos pasaron a operadores medianos que llegan con planes de reactivación. Y hay quien mira más allá, con estudios sobre el potencial no convencional de formaciones profundas de la cuenca.

Lo que compra una cuenca madura

Una cuenca así compra para mantener y para recuperar. Plantas de inyección de agua, con tanques, bombas sobre bastidores, filtros y kilómetros de cañería. Baterías que separan y almacenan, con tanques que después de décadas necesitan reparaciones de fondo o reemplazos completos. Aparatos de bombeo que hay que reacondicionar, con sus bases, defensas y plataformas. Líneas de conducción que pierden y se reemplazan por tramos. Y todo en un ambiente costero, con viento fuerte y salinidad, donde la pintura común dura poco y el galvanizado se gana su precio.

Diseñar para el viento patagónico

En Comodoro y alrededores, las ráfagas fuertes son parte del clima normal, no una excepción. Eso se nota en todo lo que se fabrica para la cuenca: escaleras y plataformas con barandas firmes y bien ancladas, cerramientos que no se vuelen, tanques con sus accesorios bien sujetos, uniones abulonadas que se revisan después de cada temporada de viento. Y la sal que trae el aire desde el golfo obliga a elegir terminaciones pensadas para la costa. Lo que en Córdoba dura veinte años, en la costa patagónica puede durar la mitad si no se protege bien. Desde nuestra planta, la cuenca queda a unos dos días de camión: lo justo para que todo llegue armado, protegido y listo para resistir.

En el taller, ese mundo tiene un estilo propio. Muchas veces el trabajo empieza con una pieza gastada sobre la mesa, un calibre y una pregunta: ¿alguien tiene el plano de esto? En los campos con décadas de historia, los planos originales se perdieron o nunca existieron, y fabricar a partir de la muestra —relevar, medir, dibujar y recién después cortar— es parte del oficio. Hacerlo bien, con la pieza nueva documentada para la próxima vez, es lo que diferencia a un proveedor de una solución de emergencia.

Los nuevos operadores llegan con presupuestos ajustados y plazos exigentes, porque cada pozo parado es plata que no entra. Necesitan proveedores que respondan rápido, reparen con criterio y no vendan una pieza nueva cuando alcanza con reacondicionar. Es un cliente distinto del de Vaca Muerta, pero igual de valioso: constante y fiel cuando se lo atiende bien.

El mapa completo de las cuencas está en las cuencas petroleras argentinas, y el detalle de las cigüeñas en pozos convencionales y AIB. En Indumor fabricamos tanques, bastidores, defensas y repuestos a plano o a muestra para campos maduros.

La próxima vez que pases por Comodoro y veas las cigüeñas cabeceando contra el viento, pensá que cada una tiene más de un siglo de historia detrás y muchos años de trabajo por delante. Y que alguien tiene que mantenerlas.

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