21 de octubre de 2026 · Indumor
Es viernes a la tarde y la viga está terminada. Cuatro metros de alma y alas soldadas, cordones parejos, todo a escuadra cuando se punteó a la mañana. Pero cuando la apoyan sobre los caballetes para medirla, el ala ya no está a noventa grados y la viga tiene una flecha que se ve a simple vista. Nadie hizo nada mal, en apariencia. Lo que pasó tiene nombre: distorsión por soldadura.
El cordón se deposita fundido y, al enfriarse, se contrae. El metal que lo rodea se calentó, se dilató y quedó frenado por el material frío de alrededor; cuando todo se enfría, esa contracción tira de la pieza. Según dónde esté el cordón, la pieza se acorta, se curva o se le cierra el ángulo: un filete de un solo lado cierra el ángulo hacia ese lado, y si los cordones se concentran en una de las alas, la viga se acorta de ese lado y se arquea. Cuanto más calor se aporta, más se mueve.
La distorsión no se elimina: se administra. Las piezas se presentan con una contraflecha o un ángulo previo, para que la contracción las deje derechas. Se sujetan con prensas o dispositivos y se puntean bien antes de soldar. Se suelda de forma balanceada, alternando lados y en tramos cortos que retroceden sobre el avance. El orden también cuenta: primero las uniones que más se contraen, y avanzando del centro hacia los extremos libres. Y no se suelda de más: un filete más grande que el que pide el plano no hace falta, pero suma calor y deformación. Más vale prevenir que enderezar: corregir con calor o con prensa se puede, pero cuesta horas y no siempre deja la pieza como estaba.
En una línea: la pieza derecha se decide antes de prender el arco. Si tenés piezas que se te tuercen, mandanos el plano y las fabricamos en Indumor, con la soldadura pensada desde el armado.
Mandanos el plano y te decimos cómo armarlas para que salgan derechas.
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