21 de octubre de 2026 · Indumor
Una campana que se aleja de 15 a 30 centímetros de donde nace el polvo necesita entre tres y cuatro veces más aire para atrapar lo mismo. Es la cuenta de Dalla Valle, la fórmula clásica de las campanas, y explica por qué tantos sistemas de aspiración fallan antes del primer metro de ducto. Dimensionar uno es seguir un orden: primero el polvo y las campanas, después los ductos y el ventilador, y al final, medir.
Todo empieza por el polvo: qué es, de qué tamaño, si es combustible, si viene húmedo o pegajoso y a qué temperatura sale. De eso depende casi todo lo demás, empezando por la velocidad mínima a la que hay que transportarlo.
Después, cada campana. La velocidad de captura depende de con cuánta energía se larga el contaminante: de 0,25 a 0,5 m/s para vapores que se evaporan de una cuba quieta; de 0,5 a 1 m/s para soldadura; de 1 a 2,5 m/s para llenado o trituración; y de 2,5 a más de 10 m/s para amolado y granallado, que conviene directamente encerrar. Con esa velocidad, la distancia a la fuente y el área de la boca sale el caudal: Q = V · (10 X² + A), y un 25 % menos si la boca tiene brida.
No hagas esto: colgar una campana grande a un metro y medio del puesto «para que no moleste». Con el operario en el medio y la corriente de un portón abierto, esa campana no atrapa casi nada, y todo el sistema queda dimensionado para un caudal que no sirve.
Con el caudal de cada campana se dimensionan los ductos, eligiendo el diámetro para que el aire no baje de la velocidad de transporte: de 10 a 12,7 m/s para humos de soldadura, de 17,8 a 20,3 m/s para el polvo industrial común y más de 20 m/s para polvos pesados o húmedos. Son mínimos, y valen en cada ramal: donde el aire afloja, el polvo se deposita. El ducto principal va creciendo a medida que se suman los ramales.
Después se suman las pérdidas del camino más largo: el rozamiento en los tramos rectos, los codos y las derivaciones, la entrada de cada campana, el ciclón —de medio kilopascal a unos 2,5 kPa, según el diseño—, el filtro y la chimenea. Los demás ramales se equilibran por diseño o con compuertas. Lo que no se calcula se termina atando con alambre: una compuerta cerrada por acá, una campana desconectada por allá.
Recién entonces se elige el ventilador, con el caudal y la presión en las condiciones reales. Las curvas de los catálogos vienen para aire estándar, de 1,2 kg/m³; a 2.500 metros de altura el aire pesa alrededor de un 25 % menos, y las presiones se corrigen antes de elegir. La potencia sale de multiplicar el caudal por la presión y dividir por el rendimiento.
Con el sistema andando se mide la velocidad en cada ramal y la presión estática en el cuello de cada campana, y se anotan. Esos números son la referencia de toda la vida del sistema: si la presión de una campana cae, hay un ducto tapado, una correa que patina o un rotor gastado. El filtro tiene su propio indicador, el manómetro diferencial, y conviene mirarlo como se mira el aceite del auto.
Para una primera cuenta, la calculadora de la Suite predimensiona el ciclón y la línea de aspiración. Para el sistema completo, en Indumor calculamos y fabricamos sistemas de aspiración industrial con sus ductos. Y si alguna vez alguien propone alejar la campana «unos centímetros nomás», ya sabés la respuesta: entre tres y cuatro veces más aire.
Contanos qué se genera y dónde, y te calculamos el sistema completo.
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