21 de octubre de 2026 · Indumor
Soldar con arco es como escribir con un lápiz que se gasta mientras escribe: la punta se derrite y se vuelve parte de lo escrito. Esa idea —que el electrodo no solo calienta, sino que se funde y llena la junta— tardó casi un siglo en aparecer, y otro tanto en volverse confiable.
La historia completa entra en un párrafo. En 1802, Vasili Petrov obtuvo en San Petersburgo un arco eléctrico estable y propuso usarlo para fundir metales; Humphry Davy lo hizo famoso en Londres y le dio el nombre. Entre 1881 y 1882, Nikolái Benardos y Stanisław Olszewski soldaron con un arco de carbón. En 1888, Nikolái Slavyánov en Rusia y Charles Coffin en los Estados Unidos, cada uno por su lado, usaron un electrodo de metal que se fundía. En 1904, Oscar Kjellberg fundó ESAB en Gotemburgo y le puso al electrodo un revestimiento que protege el baño. Y en el siglo XX, los barcos enseñaron dos lecciones: que se podía hacer un casco sin un solo remache, y que el acero tenía que ser tenaz para que una grieta no lo partiera en dos.
En la primavera de 1802, Petrov armó una batería de unos 2.100 elementos de cobre y zinc y obtuvo entre dos carbones un arco estable. Lo describió en 1803 y sugirió usarlo para iluminar y para fundir metales, pero publicó solo en ruso y su trabajo quedó olvidado casi un siglo. Davy mostró en Londres un arco continuo de por lo menos diez centímetros, y la forma curva que tomaba la llama le dio el nombre.
Ochenta años después, según las historias de la soldadura, el francés Auguste de Méritens unía con un arco de carbón las placas de plomo de las baterías. Benardos y Olszewski fueron más allá con el Elektrogefest, bautizado en honor a Hefesto: un carbón en un portaelectrodo, la pieza como el otro polo, y un arco que servía para unir, cortar, agujerear y recargar metal. Lo patentaron desde 1885 en media Europa —la primera patente fue la francesa— y en 1887 en los Estados Unidos, y se usó en talleres ferroviarios.
En 1888, en la fábrica de cañones de Perm, Slavyánov reemplazó el carbón por una varilla de metal que se fundía y llenaba la junta. Lo llamó «fundición eléctrica de metales» y lo usó por primera vez para reparar el eje de una máquina de vapor. Ese mismo año, en Detroit, Charles Coffin presentó una patente con la misma idea, que le concedieron en enero de 1889; los dos llegaron a ella de manera independiente. Poco antes, en 1886, Elihu Thomson había patentado en Massachusetts otro camino, la soldadura por resistencia, la familia a la que pertenece la soldadura por puntos.
El problema del electrodo desnudo era el aire: el baño tomaba oxígeno y nitrógeno, y el cordón salía poroso y frágil. Oscar Kjellberg conocía bien el problema: había trabajado unos quince años en barcos a vapor. En 1904 fundó ESAB en Gotemburgo y cubrió el electrodo con un revestimiento que, al fundirse, forma gases y escoria que protegen el baño y estabilizan el arco; lo patentó en Suecia en 1907 y en Alemania en 1908. En Inglaterra, Arthur Strohmenger y la Quasi-Arc patentaron electrodos con un revestimiento de amianto azul, y en Cleveland, hacia 1911, Lincoln Electric ya vendía sus primeras máquinas de soldar de voltaje variable.
En nuestro taller, todavía hoy, lo primero que se hace con una caja nueva de electrodos básicos es meterla en el horno: el revestimiento que protege el baño también absorbe humedad, y la humedad es hidrógeno en el cordón. Más de ciento veinte años después, seguimos cuidando el invento de Kjellberg.
En 1920, Cammell Laird botó en Birkenhead el Fullagar, de unos 45 metros de eslora y sin un solo remache: para el Lloyd's Register, el primer barco oceánico totalmente soldado. En 1924 encalló y el fondo se le hundió unos 28 centímetros a lo largo de 21 metros. Siguió estanco, llegó a Liverpool por sus propios medios, y las chapas se enderezaron con gatos en lugar de cambiarse, como habría hecho falta en un casco remachado.
En la Segunda Guerra, los Estados Unidos construyeron unos 2.700 barcos Liberty, con cascos soldados y prefabricados. El primero, el Patrick Henry, llevó 244 días; en 1944, el promedio era de 42. Pero el acero de la época se volvía frágil con el frío, y en un casco soldado una grieta no encuentra una costura remachada que la frene. El 16 de enero de 1943, el Schenectady, un petrolero T2 recién terminado, se partió en dos en el muelle de Portland, con el agua a 4 °C. La investigación dejó lo que hoy es rutina: exigirle tenacidad al acero con el ensayo Charpy, evitar las esquinas que concentran tensiones y controlar la calidad de las soldaduras.
Después llegaron el arco sumergido, en los años treinta; el TIG, en 1941; el MIG, en 1948; y el alambre tubular, en los cincuenta. Cada uno resolvió algo. Pero la lógica sigue siendo la del lápiz que se gasta: un arco, un metal que se funde y algo que lo protege del aire.
Si tenés una parada de planta en el calendario y equipos para reparar con soldadura, el procedimiento y los consumibles se definen ahora, no el día de la parada: ese día no hay tiempo para probar.
Fuentes: patentes US 363,320 (Benardos y Olszewski), 395,878 (Coffin) y 347,140 y 347,141 (Thomson); Gran Enciclopedia Soviética; ESAB; Lloyd's Register Heritage & Education Centre; National Park Service; TWI.
Contanos qué hay que reparar y definimos procedimiento y consumibles antes de la parada.
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