31 de octubre de 2026 · Indumor
En el dibujo: 1 pinza aislada y guantes secos, 2 anteojos de seguridad debajo de la careta para picar la escoria, 3 recipiente metálico para las colillas, 4 captación del humo cerca del arco, 5 masa sobre la pieza.
Que la soldadora de electrodo «no patea» porque trabaja con pocos voltios es una de esas verdades de taller que dejan de serlo con los guantes mojados. En vacío, entre la pinza y la masa, puede haber 70 u 80 voltios, bastante más que en una MIG. Comparar los dos procesos riesgo por riesgo es la mejor forma de ver dónde el electrodo pide más cuidado.
Con electrodo, la parte bajo tensión está en la mano: la pinza, el electrodo y la colilla. La norma IEC 60974-1 limita la tensión de vacío y pide valores más bajos en las máquinas para lugares con más riesgo de descarga, como los húmedos o los recintos metálicos estrechos. Para esos trabajos conviene una fuente con reductor de tensión, que baja la tensión de vacío a pocos voltios mientras no se suelda, y en lo posible corriente continua. El electrodo se cambia con los guantes secos, nunca con la mano desnuda, y la pinza no se apoya sobre la estructura con el electrodo puesto. Los cables pelados se cambian; la cinta aisladora no es un repuesto. Quien suelda dentro de un tanque nunca trabaja solo, y la máquina queda afuera, al alcance del ayudante.
El electrodo revestido produce más humo por kilo depositado que el MIG con alambre macizo, porque se quema todo el revestimiento. Los básicos, además, sueltan fluoruros. La receta es la misma que en cualquier proceso: captación localizada cerca del arco, la cabeza fuera de la columna de humo y, en lugares cerrados, ventilación y protección respiratoria. Desde 2017 la agencia de la Organización Mundial de la Salud que estudia el cáncer, la IARC, clasifica el humo de soldadura como cancerígeno. Los electrodos de inoxidable suman compuestos de cromo hexavalente al humo, una razón más para captarlo donde nace.
El arco emite ultravioleta e infrarrojo en los dos procesos. Con electrodo, para las corrientes habituales se usa careta con filtro de tono 10 a 12, más oscuro a más amperes. Con electrodo el arco es menos brillante que el de un MIG en spray, pero igual quema en poco tiempo la piel que quede expuesta: el cuello y las muñecas son los lugares que más se olvidan. Las pantallas protegen a los compañeros.
Al picar la escoria saltan esquirlas de vidrio caliente, y la careta levantada no protege nada. Por eso se usan anteojos de seguridad debajo de la careta, siempre. Las colillas salen al rojo y terminan en el piso, entre aserrín y trapos, o dentro de un botín: van a un recipiente metálico. En obra, donde se suelda sobre estructuras ya montadas, las chispas caen pisos enteros, así que se revisa qué hay abajo y se deja a alguien mirando un rato después de terminar.
La ropa es la primera barrera contra las quemaduras: algodón o telas ignífugas, nunca sintéticas, que se derriten y se pegan a la piel; mangas largas, bolsillos cerrados y botamangas que no junten chispas, y delantal o polainas de cuero para soldar sobre cabeza. Con lluvia no se suelda: suma riesgo eléctrico y arruina la unión. En altura, el arnés se ancla lejos del cable de soldar y de la zona de chispas, y los cables se tienden donde nadie los pise ni los aplaste un vehículo.
Las estructuras viejas tienen su propia trampa. Una pintura antigua puede tener plomo, y una pieza galvanizada o cadmiada suelta humos de zinc o de cadmio al calentarse. Antes de cortar o soldar, la zona se limpia hasta el metal o se trabaja con protección respiratoria y captación. En plantas en funcionamiento, el trabajo en caliente se hace con permiso, con extintor a mano y con alguien que mire la zona un buen rato después de terminar.
El ojo de arco, la quemadura de la córnea por ultravioleta, no se siente en el momento: aparece horas después, de noche, como arena en los ojos, lagrimeo y dolor con la luz. No hay que frotarse y conviene ir al médico; prevenirlo es mucho más fácil que curarlo, y alcanza con no mirar el arco de un compañero sin protección. Ante una descarga eléctrica, lo primero es cortar la corriente de la máquina antes de tocar a la persona, porque quien la toca con la corriente pasando recibe la misma descarga. Las quemaduras por escoria o por colillas se enfrían con agua y no se cubren con nada graso.
El electrodo pide más cuidado con la electricidad, con la escoria y con el fuego, y algo más con el humo. En radiación, los dos procesos se parecen. Ni loco se suelda con guantes mojados ni con la ropa empapada en aceite.
Si te interesa el resto de los riesgos, la lección de seguridad del curso MIG-MAG desarrolla los gases en espacios cerrados y el ozono. Y si tenés soldadura en obra para encargar, es parte de lo que hacemos en Indumor: mirá cómo trabajamos la soldadura en obra.
Pensá la respuesta antes de abrirla.
Porque su tensión de vacío es más alta, de unos 70 u 80 V, y la parte bajo tensión (pinza, electrodo y colilla) está en la mano del soldador.
Baja la tensión de vacío a pocos voltios mientras no se suelda; conviene en lugares húmedos o dentro de recintos metálicos.
Porque al picar la escoria saltan esquirlas de vidrio caliente y la careta se levanta para mirar el cordón.
Se tiran en un recipiente metálico, porque salen al rojo y pueden iniciar un fuego.
Soldamos en el lugar, con electrodo y con el equipo que pide cada trabajo.
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