31 de octubre de 2026 · Indumor
En el dibujo: 1 humo de soldadura, 2 captación localizada cerca del arco, 3 radiación del arco hacia la careta, 4 cilindro parado y encadenado, 5 masa cerca de la unión.
Una tarde de julio, con los portones cerrados por el frío, el taller se va llenando despacio. Primero es un velo azulado a la altura de las luminarias. A la hora, ese velo bajó hasta la cara de la gente y las lámparas tienen halo. Nadie tose todavía, y ese es el problema: el humo de soldadura son partículas mucho más finas que un pelo, que llegan hasta el fondo del pulmón. En 2017 la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer lo clasificó como cancerígeno para las personas, junto con la radiación ultravioleta del arco.
La primera defensa es sacar el humo donde nace. Una campana o un brazo de captación a pocos centímetros del arco, o una torcha con aspiración incorporada, se lleva casi todo antes de que suba; la ventilación general del galpón ayuda, pero llega tarde. Después, el puesto: la masa cerca de la unión y sobre metal limpio, los cables sin cortes, los cilindros parados, con la válvula protegida y una cadena que los sujete a la pared o al carro. Lo que se pueda quemar sale de un radio de unos diez metros, porque hasta ahí pueden volar las chispas. Y el equipo personal: careta con el filtro que corresponde a la corriente (en MIG-MAG, como mínimo el tono 10 desde los 60 A, y lo recomendado va del 11 al 14 a medida que sube la corriente), guantes y campera de cuero y calzado cerrado. Las pantallas alrededor del puesto protegen a los que pasan cerca.
La cabeza va fuera de la columna de humo, de costado y no encima del arco, y la campana se mueve con el trabajo. Las piezas galvanizadas o pintadas sueltan humos de zinc y de otros compuestos que dan la fiebre del soldador, así que se limpia la zona o se suelda con aspiración. El ozono que forma la luz del arco aumenta con los gases ricos en argón y con el aluminio, que refleja mucha radiación.
Un tanque, un foso o una cámara con argón o con CO₂ no huele a nada y puede matar en minutos. Los dos gases son más pesados que el aire, desplazan el oxígeno y se juntan en lo más bajo. Para trabajar ahí hace falta medir oxígeno, ventilar y tener a alguien afuera. Nunca se ventila un espacio cerrado con oxígeno: enriquecer el aire convierte la ropa en combustible.
La tensión de una MIG es baja, pero con ropa mojada o parado en agua ya no lo es tanto. Los cables no se enroscan en el cuerpo y la masa nunca se pone del otro lado de un rodamiento o de una cadena, porque la corriente buscaría volver por ahí.
Se cierra la válvula del cilindro, se cuelga la torcha lejos del piso y se mira la zona otra vez al rato: una brasa en una rendija o en un trapo puede tardar en prender. Las manos se lavan antes de comer, porque el polvo del taller trae metales.
En una frase: el humo se saca en el arco y el gas se respeta en los lugares cerrados. Si necesitás fabricación soldada para tu planta, en Indumor la cotizamos: el formulario está más abajo. Para seguir: los gases de protección, de dónde salen los gases del taller, cómo soldar galvanizado y la soldadura en el taller.
Pensá la respuesta antes de abrirla.
Que es cancerígeno para las personas (grupo 1), igual que la radiación ultravioleta de la soldadura.
Porque saca el humo donde nace, antes de que suba por la cara del soldador y se reparta por el taller.
Es más pesado que el aire, no tiene olor y desplaza el oxígeno: puede asfixiar sin aviso.
Como mínimo el 10 desde los 60 A; lo recomendado va del 11 al 14, más oscuro cuanto más alta es la corriente.
Estructuras y piezas soldadas en taller, con procedimiento cuando el trabajo lo pide.
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