19 de octubre de 2026 · Indumor
El gas natural licuado va a convertir a Vaca Muerta en exportador de gas a todo el mundo, y lo más visible del negocio —los buques de licuefacción— se fabrica afuera. Pero alrededor de cada buque hay una obra en tierra que se construye acá: gasoductos, estaciones, bases, estructuras y mantenimiento por décadas. Esa es la conclusión. El resto es cómo se llega hasta ahí.
Cuando el gas natural se enfría a unos 162 grados bajo cero, se vuelve líquido y ocupa cerca de seiscientas veces menos volumen. Así se puede cargar en buques metaneros y venderse a cualquier país con una terminal de regasificación, sin depender de un gasoducto. Para un país con tanto gas como la Argentina, licuarlo es la llave para venderlo al mundo, sobre todo en los meses en que el consumo local baja.
El primer proyecto en marcha es el de Southern Energy, un consorcio de Pan American Energy, YPF, Pampa Energía, Harbour y Golar. En lugar de una planta en tierra, usa buques de licuefacción flotantes: el Hilli Episeyo, con capacidad de unos 2,45 millones de toneladas anuales, se reacondicionaba en 2026 y llegaría al Golfo San Matías en el segundo semestre de 2027, con operación comercial hacia fin de ese año; un segundo buque, de 3,5 millones de toneladas, llegaría a fines de 2028. El consorcio ya firmó un contrato con la alemana SEFE por dos millones de toneladas anuales durante ocho años. Para alimentar los buques se construye un gasoducto dedicado de unos 472 kilómetros y 36 pulgadas desde Tratayén, aprobado en el RIGI en 2026.
El segundo proyecto es mucho más grande. Argentina LNG, de YPF junto a la italiana Eni y XRG, prevé una inversión de unos US$ 51.000 millones y dos buques de licuefacción por 12 millones de toneladas anuales, ampliables a 18. La decisión final de inversión estaba anunciada para el 26 de noviembre de 2026, y el proyecto se presentó al RIGI. Si avanza, sería la mayor inversión de la historia del país.
La licuefacción flotante tiene una ventaja decisiva para un país que quiere exportar rápido: el buque llega construido. En lugar de levantar durante años una planta de licuefacción en la costa, se fondea una unidad que ya existe o que se construye en un astillero especializado, y se la conecta a un gasoducto. Eso acorta plazos y reduce la obra en tierra, aunque no la elimina. También permite crecer por etapas: un buque primero, otro después, a medida que se consolidan los contratos de venta.
Hasta ahora, el gas argentino tenía un techo claro: el consumo interno, que en invierno se dispara y en verano cae. El GNL rompe ese techo. Con un gasoducto dedicado de 28 millones de metros cúbicos diarios hacia el Golfo San Matías, las productoras pueden sostener la actividad todo el año y vender el excedente afuera. Eso significa más pozos de gas, más plantas de tratamiento y de compresión en la cuenca, más ductos de recolección. Es decir, más trabajo para toda la cadena, desde Añelo hasta la costa rionegrina.
El Golfo San Matías va a concentrar dos de las obras energéticas más grandes del país: el petróleo que sale por la terminal de Punta Colorada, cerca de Sierra Grande, y el gas licuado que se cargará en los buques fondeados frente a la costa rionegrina. Para la región —San Antonio Oeste, el puerto de San Antonio Este, Sierra Grande— eso significa demanda de servicios, talleres, logística y mano de obra durante años. Y también una responsabilidad: es una costa con turismo y pesca, donde el cuidado ambiental es parte del proyecto y no un agregado. Las obras se van a hacer con estándares exigentes, y los proveedores tienen que estar a la altura.
Un buque de licuefacción no funciona solo. Necesita el gasoducto que lo alimenta, con sus válvulas, trampas de scrapers y estaciones de medición; plantas de acondicionamiento donde corresponda; la conexión entre la costa y el buque; bases logísticas y de mantenimiento; talleres, depósitos, campamentos, tanques de agua y contra incendio; y todo el equipamiento auxiliar. Es una obra de infraestructura que dura años y que después necesita mantenimiento permanente.
En el taller, el gas impone su disciplina. Un tramo de cañería para gas a alta presión se suelda con procedimiento calificado, se ensaya, se prueba hidráulicamente y se documenta antes de salir; cada chapa y cada caño llevan su número de colada a la vista; y el dossier viaja con la pieza. No hay atajos, y está bien que no los haya.
Con el primer buque en 2027, el segundo en 2028 y la decisión de Argentina LNG a fines de 2026, las compras de la obra en tierra se definen ahora. En este negocio, el que se duerme pierde: los paquetes se adjudican a quienes ya están calificados cuando sale el pliego. El detalle de los ductos está en gasoductos y plantas compresoras, y la cuenca que lo alimenta todo, en Vaca Muerta. Si estás armando una oferta para la obra en tierra del GNL, en Indumor sumamos cañerías, soportería y estructuras con documentación completa: escribinos esta semana.
Cañerías, soportería y estructuras con documentación completa.
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